Un refugio

Vivir en una protectora NO es vida para ningún animal. Parece una idea lógica, pero con demasiada frecuencia nos encontramos, por desgracia, que para algunas familias somos todavía la primera opción en la que piensan cuando por alguna circunstancia no pueden seguir haciéndose cargo de sus peludos.

Por ejemplo, cuando se tienen que cambiar de piso, o hay rupturas de parejas, o cuando la gata pare en el jardín y no quieren a los gatitos..., e incluso cuando las familias se van de vacaciones!!! Con estas líneas queremos hacer saber a todo aquel que se pueda encontrar en alguna de estas situaciones y en tantas otras que, aunque los cuidadores, veterinarios, administrativas, auxiliares y todo el equipo de la protectora se vuelcan con un amor incondicional para el bienestar de los animales de los centros, éstos no dejan de vivir en jaulas, esperando una caricia, su turno para salir a pasear o, en el peor de los casos pero también frecuente, sobrevivir a las múltiples enfermedades que pueden padecer a causa del estrés que les provoca el abandono. Porque la protectora NO es ni una residencia ni un hogar.

Todavía hoy llegan animales en estados lamentables por la irresponsabilidad humana. Y sufren. Y nosotros con ellos...

Por eso, por favor, buscad opciones más razonables (amigos, conocidos, familiares) antes de pensar en la protectora como organismo que se tiene que hacer cargo de la que hasta hoy ha sido nuestra mascota. Difundid el caso, contactad con etólogos. Sed responsables hasta el final, tal y como tendría que ser siempre.

Los recursos limitados de los refugios (muy a menudo al límite de sus capacidades) NO pueden absorber el volumen de tanta irresponsabilidad...