En una sola mañana hemos tenido que asumir la recogida de 33 gatos adultos que vivían totalmente desatendidos: un nuevo caso de síndrome de Noé, de una persona que ha sido olvidada por la sociedad egoísta en la que vivimos y que, desde su soledad, ha acumulado un amor mal entendido, generando sufrimiento a los animales y a ella misma… Nuestra denuncia no es hacia esta persona, que es víctima de una sociedad cada vez más enferma, sino que es un grito de alerta: dejemos de mirar hacia otro lado cuando veamos necesidades, y empecemos a pedir ayuda para las personas que no la pueden pedir… Si alguien hubiera hecho un solo gesto, habría evitado mucho sufrimiento a esta persona y a estos 33 gatos, que hoy nos llegan enfermos en su cuerpo, pero también heridos en sus almas… Ojalé les podamos salvar, y ojalá empecemos a ser más compasivos con las personas y con los animales…



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